16 septiembre 2019

“Felipe querido, descansa en la paz del Señor”

Cerca de 600 feligreses y 35 sacerdotes llegaron hasta La Transfiguración del Señor, en Las Condes, para darle el último adiós a su querido párroco, el padre Felipe Ortega, quien falleció a los 55 años producto de un cáncer.

Por: Cristián Amaya

Fotos: Omar González

“Felipe querido, descansa en la paz del Señor”

"Felipe querido, descansa en la paz del Señor", dijo Emiliano Ortega, su padre, en una emotiva despedida, rodeado de familiares, amigos y de la comunidad cristiana.

Presidió la misa el Administrador Apostólico de Santiago, monseñor Celestino Aós, quien habló del rol del sacerdote como quien "debe desgastarse y desvivirse para que los demás tengan vida en abundancia". Sobre el padre Ortega agregó: "La vida y muerte de Felipe son ejemplo de vida para nosotros, si las miramos con fe. Ahora está donde mejor puede estar, lo hemos dejado en las mejores manos, en el mejor lugar. Felipe está ahora con Dios y con la Virgen María".

"Hijo querido estamos con pena, estamos tristes -agregó don Emiliano más adelante-, pero no nos vamos a instalar en la pena porque desde la fe surge una esperanza cierta en el Cristo resucitado. En Él confiamos. Estamos seguros que desde el inicio de tu vida Felipe, ya estaba preparada para ti una morada en la casa del Padre. Quiero imaginar tu encuentro amoroso, luminoso con Isabel Margarita, tu madre. Que alegría tan plena habrán sentido al encontrarse. Felipe tenemos pena, pero tenemos una profunda alegría. Ahora ya nada ni nadie te podrá separar del amor de Dios".


El padre Felipe

Felipe Ortega Casassus nació en Santiago, el 10 de febrero de 1964. Hijo de Emiliano e Isabel Margarita Casassus, y hermano de Paula, Isabel y Martín. Realizó sus estudios en el Colegio Seminario Pontificio Menor. Estudió dos años de Derecho y posteriormente dos años de Sociología. Ingresó al Seminario Pontificio Mayor de los Santos Ángeles Custodios en marzo de 1987. Fue ordenado sacerdote el 27 de mayo de 1995, en la Catedral de Santiago, por el Cardenal Carlos Oviedo Cavada.

Hernán Santa María fue uno de sus mejores amigos. "Fuimos compañeros desde primero básico del colegio, vecinos de barrio, scouts, fuimos a fiestas juntos, luchamos por recuperar la democracia. Una amistad de 50 años" dice aun con pena por su partida. De tiempos universitarios recuerda que su compromiso social. "Éramos partidarios de la no violencia activa, inspirados por Gandhi, y estábamos por anunciar y denunciar. Nos mostrábamos como católicos comprometidos. Tratábamos de anunciar que podían venir tiempos mejores. Luchamos contra la dictadura, tranquilos, pero con consecuencia".

Emiliano recuerda que en el tiempo de universidad: "Sufrió un acto injusto. Con otros compañeros universitarios en el edificio de la facultad fue detenido y lo mantuvieron preso durante un mes. Estando ahí me pidió que le llevara una biblia por si se acercaba el día de pentecostés. Celebraron intensamente en ese ambiente la fiesta y venida del Espíritu Santo. Cuando salió intuimos que había iniciado un proceso de definición de su vocación. Poco tiempo después dejó la universidad para ir al Seminario".

Su padre también hace notar su vocación como párroco y compromiso social con los más excluidos: "Tenía vocación de párroco. En la parroquia San Luis Beltrán, los fines de semana, con la hermana Rosa, salían a las calles a tratar de evitar las riñas entre pandillas. Para nosotros fue una noticia muy decepcionante cuando buscando el origen de la droga se encontraron con una institución pública que la distribuía".

Como sacerdote Felipe Ortega sirvió como Vicario parroquial de San Luis Beltrán, Zona Oeste, Pudahuel (1994 – 1999); Párroco de Santa Clara, Zona Sur (1999 – 2001); fue formador en el Seminario Pontificio Mayor (2002 - 2003); realizó estudios en Roma en la Universidad Gregoriana, obteniendo la Licenciatura en Teología Espiritual (2003 - 2005); Vicerrector pastoral Colegio Seminario Pontificio Menor (2005 – 2011); Desde entonces y hasta su fallecimiento, fue párroco de La Transfiguración del Señor, en Las Condes.

El padre Tomás Scherz, actual vice gran canciller de la P. Universidad Católica, relata que fueron compañeros desde 5° básico en el colegio Seminario Menor y más tarde en el Seminario Mayor. Destaca que fue un estudioso del pensamiento y labor pastoral del obispo de Talca, Manuel Larraín Errázuriz (1939-1966). "Su licenciatura en espiritualidad se refería a Manuel Larraín y su familia vino de Talca. Por eso muchos conocieron a don Manuel. Muy cercanos al proceso de la Reforma Agraria".

Contemplativo y fraterno

El padre Raúl Rivera, párroco de La Ascensión del Señor de Pudahuel, lo recuerda como un hombre de fe profunda: "Durante el tiempo del Seminario, le tocó vivir la muerte de su madre, cuando aún no terminaba el Seminario. Siempre dio muestras de una profunda vida interior: le gustaba leer, rezar, y tenía un gusto muy exquisito por la música y el arte. Le gustaba hablar de la situación del país, era una persona comprometida".

Don Emiliano lo describe como "una persona espiritual, con una notable riqueza interior. Una persona humilde, sencilla, cercana y entregada. De su vida espiritual brotaba su consejo y acogida. Se conmovía con el sufrimiento, con el dolor, con la injusticia, la fragilidad, la pobreza y la enfermedad. Siempre estuvo para acompañar a personas ancianas y enfermas. Y guardó con mucha humildad y prudencia su poder de sanación". Destaca también un hecho reciente que en su opinión lo retrata de cuerpo y alma: "Hace poco tiempo recibió un maltrato, una agresión verbal. Y se acercó a esa persona que lo maltrataba y le dio un abrazo fraterno y una sonrisa. Felipe lo desarmó con amor".

El último adiós

El padre Felipe fue diagnosticado el 2017 con un cáncer pulmonar que luego se ramificó a otros órganos de su cuerpo.

Sobre sus últimos días el padre Scherz relata que "sufrió mucho su enfermedad, que estaba enlazada espiritualmente con la tristeza eclesial por la situación de los abusos de la Iglesia en Chile. Su tristeza la llevó con valentía así como también llevaba su pertenencia a un cuerpo debilitado eclesial. Esa esperanza lo trasciende. Así como el sufría el cáncer en su cuerpo con esperanza, pudo participar en carne propia lo que dolía de la vida eclesial. Cuando estaba agonizando le pasaron el santísimo y lo tenía en la mano, en un portaviático, y eso expresaba esa imagen de: -Estoy sufriendo, pero asido a Jesucristo. Esa era una actitud eclesial suya, muy real, unido a lo esencial".

Durante los mensajes de despedida hablaron algunos de sus sobrinos, quienes destacaron su alegría y cercanía con la naturaleza y el arte: "Feli querido agradecemos el haberte tenido presentes en nuestras vidas. Las vacaciones en la playa en Toconey. Vimos las estrellas con tu telescopio. Te gustaba el rock. Siempre nos hacías reír. Admiramos tu cuidado y compromiso con la naturaleza, las plantas animales y estrellas. Tuvimos una suerte increíble de haber compartido contigo".

María Jesús Rodríguez, integrante de la comunidad parroquial agregó que "lo que lo caracterizaba es que era un místico y tenía un gran poder para la oración, para la contemplación. Realmente se podía ver en él a un místico. Y creo que es el sacerdote que más ha valorado el canto a lo divino". Al término de su breve mensaje María Jesús interpretó con gran emoción una versión de canto a lo divino de la oración "Bendita sea tu pureza".

Emiliano Ortega cerró la emotiva despedida con estas palabras: "Nuestra confianza está puesta en el Dios tierno y amoroso, que en ninguna de tus predicaciones en este mismo lugar, dejaste de anunciar. Felipe querido, descansa en la paz del Señor".

Fuente: Iglesia de Santiago

www.iglesiadesantiago.cl
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