“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”
Ricardo Ezzati Andrello, sdb
Cardenal Arzobispo de Santiago

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“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”

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Homilía del Arzobispo de Santiago, Cardenal Ricardo Ezzati. Misa de desagravio en la iglesia de la Gratitud Nacional. Sábado 11 de junio de 2016

+Ricardo Ezzati Andrello, sdb
Cardenal Arzobispo de Santiago


1.- LO QUE HA SUCEDIDO EN ESTOS DÍAS 

En el momento más trágico de su existencia terrena, Jesús mientras entregaba su Vida al Padre, colgado de una cruz: nos ofreció el testimonio y la lección más elocuente de su amor: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen…” Padre perdónalos… La súplica de Jesús en la cruz, es también la súplica de la Iglesia, de esta Iglesia de Santiago, de esta Parroquia María Auxiliadora, de esta obra educativo-pastoral de la Gratitud Nacional, la súplica de todos nosotros: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

Todos nosotros, reunidos aquí, donde el jueves pasado se ha cometido un delito irracional que conmovió profundamente la conciencia de miles de conciudadanos, queremos elevar nuestra plegaria: Padre, perdónalos… Esta sincera actitud del corazón no impide, sin embargo, que denunciemos con toda nuestra fuerza, actos criminales que agravian los nobles sentimientos de fe y de fraternidad y el propósito de vivir en comunión, solidaridad y fraternidad. Nos duele que nadie haya podido prevenir e impedir gestos de tanta violencia y actos irracionales y sacrílegos como los cometidos el jueves recién pasado, cuando un grupo de jóvenes enceguecidos por oscuras pasiones, las más bajas de que es capaz un ser humano, ha procedido a violar las puertas del Templo “La Gratitud Nacional”, sacar de ella la imagen de Cristo crucificado, para destruirla violentamente ante los ojos atónitos de una muchedumbre de jóvenes que habían sido convocados para reclamar pacíficamente sus derechos a una educación de mejor calidad.

Lamentamos que el deseo honesto de muchos jóvenes haya terminado en el atropello a otros derechos, consagrados por la tradición democrática de nuestro país, por sus leyes y por el deseo de la inmensa mayoría, que, aún no creyendo en Jesucristo, anhela vivir en paz, respeto mutuo, sana y fraterna convivencia.

Para quienes profesamos que Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre, que proclamamos que las bienaventuranzas constituyen un alto código de vida civilizada, fraterna y solidaria, lo acontecido el jueves pasado constituye un acto que repugna no sólo la fe que compartimos, sino también la conciencia civilizada de todo ser humano, respetuoso de los derechos fundamentales de todos, fundamentos de una convivencia civilizada y democrática. Por eso, más allá incluso de su fe, denunciamos actos como este o como la quema de iglesias evangélicas y católicas del sur de Chile, e invitamos a preguntarnos con honestidad: ¿Por qué en Chile son posibles actos vandálicos como estos? ¿Qué le está pasando a nuestra alma democrática tan respetuosa del derecho y tan sensible ante la vulneración de los derechos humanos fundamentales?


2.- “MATEMOS EL ODIO ANTES QUE EL ODIO MATE EL ALMA DE CHILE”

Ante el surgimiento de no pocos actos de violencia, he recordado una frase de mi predecesor, el Cardenal Raúl Silva, pronunciado en un momento particularmente trágico de nuestra historia: “Matemos el odio antes que el odio mate el alma de Chile”. Nada se construye con la enemistad, con las pasiones irracionales que sólo alimentan división y violencia. La paz es fruto de la justicia, una justicia verdadera que no nos pone uno frente al otro como enemigos.

Una vez más queremos gritar fuerte que una sociedad justa y en paz no se construye creyendo que el “hombre es un lobo para el hombre”. La sociedad justa es fruto de un diálogo sincero y abierto donde se pueden discutir ideas, pero donde la persona humana es siempre reconocida y apreciada por su voluntad de construir un futuro mejor que lo sea para todos.

Nuestras diferencias, en un clima de respeto mutuo y de amistad cívica, se convierten en piedras preciosas para construir una polis que sea casa común para todos, especialmente para quienes más lo necesitan.


3.- EL CRISTO ROTO DE LA GRATITUD NACIONAL.

El jueves pasado se ha destruido una imagen de Cristo. El entorno escénico que nos han mostrado las imágenes de la televisión y de otros medios de comunicación, nos han vuelto a la conciencia, ese “fuera, fuera, quítalo de nuestra vista; quítalo de entre nosotros”, que la turba pedía a Pilatos.

Sin embargo Jesús, crucificado por la traición y el odio de quienes lo habían proclamado con anterioridad como “rey y señor”, no cayó definitivamente en poder de sus enemigos y de la muerte. Al tercer día resucitó, y por la fuerza del Espíritu Santo, sigue presente en su Cuerpo Místico, siempre dispuesto al perdón y a la misericordia. Los enemigos de Jesús podrán querer destruir, con toda la crueldad de la que son capaces, imágenes materiales suyas, sin embargo, no sólo la fe, sino también la historia dan testimonio que Jesús sigue vivo y presente en la historia personal y comunitaria, abriendo para todos, los tesoros infinitos de su amor también a los hombres y mujeres de hoy.

Esa es la imagen de Cristo que nos proponemos anunciar. Un Cristo, buen Pastor, un Cristo Buen Samaritano, un Cristo que abre para todos los tesoros de infinita misericordia y piedad.

 

4.- GRATITUD A LA CONGREGACIÓN SALESIANA

En esta ocasión, deseo manifestar a la Congregación Salesiana todo el aprecio y la gratitud de la Iglesia de Santiago. En este lugar desde hace 125 años un número significativo de hermanos, hijos de San Juan Bosco han prestado y siguen prestando una significativa obra de evangelización y de educación, especialmente para los jóvenes que más lo necesitan. El nombre Gratitud Nacional es una herencia histórica, cuyo origen se remonta al término de la Guerra del Pacífico. Aquí nuestros padres elevaron un santuario al Sagrado Corazón de Jesús por haber defendido a nuestros hombres de armas. Aquí se levantó un hogar para los huérfanos que había dejado esa guerra. Es, por lo tanto, un monumento que ha querido y quiere expresar “La Gratitud Nacional”, la gratitud del pueblo de Chile que se cristaliza en una obra de educación y de evangelización a favor de nuestro pueblo. Por eso, queridos hermanos salesianos, nuevamente les reitero el agradecimiento más sincero por la misión que desempeñan en este lugar. Lo sabemos, no es la primera vez que sufren graves atropellos (basta mirar los ventanales de este santuario cuyo vitrales han sido destruidos en ocasiones semejantes), sin embargo, los invito a contemplar y a imitar la audacia de San Juan Bosco que repetía que cuando se trataba del bien de los jóvenes, estaba dispuesto a ir hacia la temeridad. 

 

5.- OTROS CRISTOS ROTOS

Se ha roto una imagen de Cristo Crucificado. Nos duele inmensamente por el significado que este acto encierra. Sin embargo, a la luz de la palabra de Dios que ha sido proclamada, ofrezco otra pista de reflexión y de conversión. “el pobre es Cristo”, repetía San Alberto Hurtado. El texto del Evangelio de las Bienaventuranzas y la proclamación del Himno del amor de la Primera Carta de San Pablo a los Cristianos de Corinto, nos urge a descubrir en cada persona, especialmente en los pobres y en los marginados, en aquellos que son considerados el desecho de la sociedad consumista, el rostro de Cristo. Sí, es a ellos a quienes debemos desagraviar, a quienes tenemos que pedir perdón, a quienes debemos levantar y devolver la dignidad que les hemos quitado.

En este día de desagravio, asociemos una vez más, a la imagen destruida del crucificado a quienes son destruidos por nuestra soberbia, nuestra avaricia, nuestro espíritu altanero, nuestra falta de solidaridad, y por las deficiencias personales o institucionales. Volvamos a pedir una y otra vez por el rostro de aquellos que como Jesús son aniquilados por nuestro egoísmo.

Ante la imagen de la Virgen, Auxiliadora del Pueblo Cristiano, invoquemos para nuestra ciudad y para nuestra Patria, el don del perdón y de la Misericordia de su Hijo Jesús. Ella nos regale la sabiduría de su Hijo, para construir la reconciliación, la solidaridad y la paz entre todos quienes vivimos en esta bendita tierra de Chile.



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