Jóvenes y Solidaridad: Esperanza
P. Francisco Llanca
Vicario de la Esperanza Joven

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Homilía Card. Ezzati Solemnidad San Pedro y San Pablo
Entrevista con monseñor Ricardo Ezzati
28 de Enero
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Editorial de la semana
 

Jóvenes y Solidaridad: Esperanza

P. Francisco Llanca
Vicario de la Esperanza Joven


Durante el sábado Santo de este año y en el contexto del gran incendio que sufrió el Puerto de Valparaíso, tuve la hermosa oportunidad de  acompañar a más de 100 jóvenes voluntarios y voluntarias del Equipo de Servicio de la Vicaría de la Esperanza que ofrecieron su tiempo, sus energías y su amor por el prójimo para colaborar animando a quienes lo habían perdido todo y, por cierto, también trabajando hombro con hombro junto a los pobladores para abrir paso nuevamente a la vida en medio de la desolación.

Por todos los medios de comunicación se veía a jóvenes, organizados o no, de las más variadas procedencias, viajando o llegando a Valparaíso a ayudar. 

Ciertamente, ver esa imagen en vivo, conmovía, ya que los jóvenes, muchas veces incomprendidos en tantos aspectos, querían volcar hacia los demás sus cualidades y sus grandes deseos de servir. Así observamos jóvenes de diferentes pastorales, de comunidades parroquiales, de colegios, de movimientos, de otras Iglesias, estudiantes de veterinaria, de enfermería, de construcción, artistas, en fin, una variedad que alegraba el corazón a pesar de la tristeza por las pérdidas.

En este marco, los jóvenes voluntarios Servidores de la Esperanza experimentaron en carne propia el sentido amplio de la inclusión, y esto fue un aprendizaje nuevo y enriquecedor para cada uno. Ellos, junto a –sin exagerar- los miles de jóvenes que estaban allí, nos recordaban cómo dar espacios, cómo ayudar a que el corazón inquieto y abundante en gratuidad tenga un cauce para animar al que está abatido, y ser testimonio así de comunión, compartiendo con quien es absolutamente distinto.

Aquel sábado Santo, en la misa celebrada en medio del dolor de quienes habían perdido todo en un cerro absolutamente devastado por el fuego, fui yo mismo un Testigo de la Esperanza, de que nuestros Jóvenes, sirviendo al hermano, sirven al Señor, y fui a la vez, testigo de tantos, que quizá sin tener tan claro por qué iban, ponían al servicio sus manos, sus esfuerzos y sus alegrías para mitigar el dolor de los hermanos. Allí, en ese sábado Santo, recordé con cariño que Chile es realmente una mesa para todos.



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