Solidaridad y confianzas
P. Luis Roblero Arriagada SJ
Fundación Padre Hurtado

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Entrevista al Cardenal Ricardo Ezzati Radio María
Solidaridad Nuestro Norte
13 de Abril
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Editorial de la semana
 

Solidaridad y confianzas

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P. Luis Roblero Arriagada SJ
Fundación Padre Hurtado


Vivimos tiempos de desconfianza política y social producto de las desigualdades y abusos que se dan en nuestra patria. Como creyentes, no hacemos oídos sordos a lo que la ciudadanía reclama y más que nunca reafirmamos nuestra convicción que esta patria es para todos y todas. Como Iglesia no nos paralizamos ante el desafío que se nos presenta, sino que renovamos nuestra voluntad y de aportar lo nuestro en la construcción del Reino de Dios. Lo hacemos con la alegría y esperanza de hacer de Chile, la patria justa y noble para todos los que en ella habitamos.

 

La mística social de San Alberto Hurtado fundió en una única experiencia el amor por Dios, por la persona humana y por toda la creación. Fue esta mística la que lo movió a denunciar la injusticia e inequidad social que excluía a la mayoría y que pocos se atrevían a cuestionar. Incluso preguntó públicamente por qué la catolicidad que profesaba mayoritariamente el país en sus iglesias, no se verificaba en la distribución justa de la riqueza y en el diseño de instituciones políticas, económicas y sociales a favor de la justicia y equidad.

 

Desde el encuentro con los niños debajo del puente Mapocho, su lucha sindical y reflexión académica seria y profunda, entró en diálogo con la sociedad con el objetivo de invitarnos a forjar un alma individual y social capaz de modelar política, económica y socialmente una nueva tierra cuyo anhelo de justicia se tradujera en una vida digna y plena para sus habitantes.

 

El Papa Francisco también nos invita a construir un nuevo mundo desde el amor misericordioso de Jesucristo y de su Iglesia. Es un amor que se pone primeramente junto a los pobres y excluidos para desde ahí invitarnos a construir un mundo a imagen y semejanza del Reino de Dios. En su convocatoria al año santo nos invita a “no caer en la indiferencia que humilla”, sino que a oír el grito de tantos hermanos y hermanas privadas de dignidad”. Este grito es el que nos invita con urgencia a volver a creer que la utopía de la patria justa y para todos, es posible.

 

Chile no es hoy una tierra para todos y también muchos católicos no encuentran en su Iglesia un lugar de misericordia y comunión. Hemos vivido varias situaciones que han dejado hondas preguntas y dolores. La débil credibilidad social en la Iglesia que manifiesta la ciudadanía en las encuestas de opinión pública, y las voces que se levantan pidiendo un oído eclesial más fino al “sensus fidelium”, manifiestan que también aquí, en nuestra Iglesia católica, se requiere de un nuevo tiempo.

 

Las confianzas ciudadanas y políticas y también las de Iglesia, se van debilitando peligrosamente porque desaparece del horizonte la comunión de la persona humana, el amor por el bien común y respeto sagrado por la vida. Son muchos los excluidos del altar del Señor y de la riqueza que producimos, los que vienen de otras tierras no son acogidos en su dignidad, se mantienen las vergonzosas distancias entre unos pocos y la mayoría, los pueblos indígenas siguen esperando, los derechos sociales son determinados por la cuna de nacimiento, los salarios no aseguran una vida digna, las poblaciones están heridas de marginalidad, violencia y droga.

 

Se hace urgente un diálogo social, transparente y desde la vida real de las personas. Las confianzas se restituyen cuando nos preguntamos con humildad por la rectitud de nuestra vida y nuestro verdadero amor por el otro; cuando la sociedad se reúne a dialogar sin exclusiones sobre el futuro deseado; cuando las instituciones se diseñan para el servicio del bien común y no de los privilegios de unos pocos. Se trata de mirar con sinceridad y verdad la vida personal y la de nuestro país, para que desde la alegría e ilusión, seamos capaces de avanzar hacia el país deseado aprendiendo a construir confianzas.

 

San Alberto Hurtado interpeló fuertemente a la sociedad chilena, pero siempre desde la confianza que esta noble tierra puede ser para todos. Que San Alberto nos acompañe para que juntos transformemos la crisis de confianza que se ha instalado en nuestro país, en una oportunidad para aprender a convivir de manera bella, humana y fraternal a la que él nos invitó.



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