El verdadero diácono es el que es servidor de todos
Diác. Enrique Saa
Encargado área diáconos, Vicaría para el Clero

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Homilía Cardenal Ezzati Te Deum 2014
Entrevista con monseñor Ricardo Ezzati
28 de Enero
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Editorial de la semana
 

El verdadero diácono es el que es servidor de todos

Diác. Enrique Saa
Encargado área diáconos, Vicaría para el Clero


Cuando estamos a las puertas de celebrar los 50 años de la promulgación de la Constitución Apostólica Lumen Gentium, el 21 de noviembre de 1964, con la cual se  restauró la institución del diaconado permanente, nuestra Iglesia de Santiago se prepara, con alegría y gozo, para acoger a 27 hombres casados de dilatada vida pastoral que en estos días recibirán el sacramentos del Orden Sagrado en el grado de  diáconos permanentes, para el servicio del pueblo de Dios. 

El Concilio Vaticano II reinstauró el diaconado permanente como grado propio y permanente de la jerarquía de la Iglesia, “no en orden al sacerdocio sino al ministerio”, asignándoles diversas funciones y determinando que le fuera conferido a varones de edad madura, aunque estuvieran casados,  y también a jóvenes idóneos para quienes se mantendría a firme la ley del celibato, dejando en manos de las Conferencias Episcopales, con el consentimiento de la Santa Sede, las que definieran su instauración. 

Nuestra Conferencia Episcopal de Chile, con fecha 4 de septiembre de 1967, solicitó a la Sede Apostólica autorización para el establecimiento del diaconado permanente en nuestro país, con el objeto de “…mantener la fe en las comunidades aisladas, para fortalecerla en las comunidades numerosas de las ciudades y en los barrios populares, para suplir la escasez de sacerdotes y al mismo tiempo para enriquecer el apostolado de la Iglesia”.

Han transcurrido largos 47 años desde aquella solicitud de los obispos de Chile, años que han “…enriquecido el Cuerpo Ministerial de la Iglesia con personas de larga trayectoria pastoral renovada por el Concilio Vaticano II, competentes en diversos oficios y profesiones y presentes como fermento en la masa, en las más variadas actividades públicas y privadas”  (OO.PP. de la CECH Don y Misión, 2006).

Durante estos años, nuestra Arquidiócesis de Santiago ha ido consolidando un Cuerpo Diaconal que a la fecha cuenta con 326 diáconos distribuidos en 7 Vicarías Zonales y 2 Vicarías Ambientales, los que en inmensa mayoría ejercen su ministerio junto a sus esposas, manteniendo el equilibrio entre sus compromisos familiares y sociales y las actividades pastorales, a ese Cuerpo se incorporan los nuevos diáconos que se ordenarán durante estos días.

Estos nuevos diáconos, fortalecidos por la doble sacramentalidad del matrimonio y el orden, serán ordenados para el servicio de la Palabra, de la Liturgia y de la Caridad, servicios que deberán ejercer armónicamente.

En su Motu Proprio “Sacrum Diaconatus Ordinem” el Papa Paulo VI, señaló para los diáconos once tareas específicas, recogiendo las nueve enumeradas ya en Lumen Gentium, y agregando dos nuevas para ser cumplidas en comunión con el obispo y su presbiterio, ellas son:

1. La administración solemne del Bautismo.

2. Conservar o distribuir la Eucaristía.

3. Asistir y bendecir los matrimonios en nombre de la Iglesia.

4. Llevar el viático a los moribundos.

5. Leer la Sagrada Escritura a los fieles.

6. Instruir y exhortar al pueblo.

7. Presidir el culto y la oración de los fieles.

8. Administrar los sacramentales.

9. Presidir los ritos de funerales y sepelios.

10. Dirigir la celebración de la Palabra de Dios, sobre todo cuando falte el sacerdote.

11. Guiar legítimamente, en nombre del párroco o del obispo, las comunidades cristianas dispersas; promoviendo y sosteniendo las actividades apostólicas de los laicos.

Hoy, gracias al ministerio de los diáconos permanentes, tenemos cada vez mayor presencia de la Iglesia en el mundo de los pobres y profesionales, en empresas, fábricas, hospitales y cárceles, en los sindicatos o con las etnias originarias. En las estructuras laborales, donde ejercen su trabajo secular, son valorizados por su testimonio ministerial y de vida, involucrándose en la transformación de las estructuras laborales, en el acompañamiento de las organizaciones de los trabajadores y en la evangelización de sus compañeros con quienes frecuentemente forman pequeñas comunidades cristianas y se preocupan de la formación religiosa de sus familias.

En el ámbito del sector donde habitan son frecuentemente requeridos para el acompañamiento religioso en juntas de vecinos, clubes deportivos, centros culturales, organismos municipales, bendiciendo casas, atendiendo enfermos a diversas horas del día o de la noche, o simplemente acompañando a quienes pasan dificultades y necesitan ser escuchados.

En sus parroquias asumen las asesorías de las comunidades eclesiales de base, de la Pastoral Familiar, de la Salud, de la Pastoral Juvenil, la Catequesis, la Pastoral Social o en tareas de administración parroquial. En muchas diócesis asumen como jueces, cancilleres, en comisiones y secretarías pastorales, organismos diocesanos de participación, en el acompañamiento a diversas pastorales y, en varios lugares, “como encargados de algunas parroquias, asegurando la presencia periódica del sacerdote” (Cardenal Jorge Medina Estévez).

La identidad del diácono permanente brota de su servicio, que en el ser y el quehacer no es el de un suplente del presbítero, ni tampoco de un presbítero de segunda, ni acólito o laico con estola, sino que su verdadero servicio es hacerse servidor de todos. El diácono es imprescindible no por lo que hace en la Iglesia sino por lo que es como Iglesia.

Damos la bienvenida a estos nuevos ministros, llamados a servir a sus hermanos y hermanas, la Iglesia  de Santiago los acoge llena de esperanza y gozo en el Señor.



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