MENSAJE DE PASCUA 2014
Ricardo Ezzati A
Cardenal Arzobispo de Santiago de Chile

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Mensaje de Pascua Cardenal Ricardo Ezzati
Entrevista con monseñor Ricardo Ezzati
28 de Enero
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16 de Junio, 2011
Una mesa para todos: Comedor solidario en parroquia de la zona sur de Santiago

Esta iniciativa solidaria en la Parroquia Santa Clara encarna el llamado a Misión Permanente hecha por los obispos en la Conferencia de Aparecida.
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Son pasadas las 13:00 horas y en las afueras del Salón Bethania, en la Parroquia Santa Clara, ya se reúne un grupo de personas esperando para entrar. Es miércoles y como todos los otros días de la semana, llegan hasta ahí con un mismo fin: almorzar

Si bien muchos no lo saben, desde el 2009 funciona en el salón principal un comedor social que diariamente recibe cerca de 60 personas entre los que se encuentran vendedores ambulantes, ocupas e indigentes, quienes por solo $200 (o lo que tengan), reciben un almuerzo, lo que para muchos significa la única comida caliente del día.

La mesa ya está puesta y las puertas se abren. Antes de ingresar, deben pasar a anotarse y retirar un número que les indicará el orden de entrega de su bandeja de alimentos. El menú del día es carbonada con un trozo de pan y un vaso de té, lo que muchos agradecen, pues si bien hay un poco de sol, como el típico sol de invierno, es poco o nada lo que entibia.

Nelson Gajardo, el abuelito que vive en la calle y es incluido en la mesa de todos
Poco a poco el salón se completa. La mayoría se conoce, pues ha venido a comer desde que nació esta iniciativa, por lo que conversan, comparten sus historias, se ríen y juegan, pero en la cabecera de una de las mesas y alejado del resto hay un anciano de rostro cansado y mirada triste. Su nombre es Nelson Guajardo y tiene 76 años, asegura ser publicista, pero por las malas jugadas del destino, hace 3 años vive en la calle y duerme, según sus propias palabras, donde lo pilla la noche.

Nelson no siempre estuvo así. Estudió en la Academia de Humanidades, se casó y tuvo 7 hijos, pero luego de la muerte de su esposa, las cosas cambiaron para siempre "tuve que ir vendiendo las pertenencias, luego las propiedades y al final me quedé sin nada".

Pese a que tiene contacto con algunos de sus hijos, ninguno lo ha sacado de la situación en la que se encuentra, según él, porque "ellos tienen sus esposas y las mujeres a veces son celosas de que llegue el padre a vivir ahí. Ellos ya formaron sus hogares y no pueden llevarme a mí".

La vida en la calle no es fácil y menos para alguien de su edad. Lamentablemente, a diferencia de otras personas en su situación, sus años le impiden trabajar y aspirar a algo mejor, aunque de todas formas se las arregla para hacer algunos "pitutos" como dibujante y pintor, pero no deja de ser un problema el no tener donde realizar dicho trabajo, pues si bien un "amigo" en Quilicura le guarda sus materiales, no cuenta con el espacio físico para trabajar.

Nelson, actualmente recibe una pensión de $80 mil, pero afirma que si pagara un sitio donde vivir se quedaría sin dinero para otras necesidades básicas, "lo que compro es comida con la plata", afirma, "por eso yo agradezco lo que me dan aquí, porque es comida segura y buena".

Si comer cuando se vive en la calle es un problema, otro aspecto difícil de esa situación es la higiene personal y encontrar un sitio para dormir "la última vez que me bañé fue hace 15 días más o menos y no duermo hace 6, por el frio y porque a veces los guardias me echan del Barros Luco (hospital), porque dicen que no es hospedería. Anoche me aguantaron que me quedara ahí, pero hoy no sé dónde voy a dormir".
Sus canas, sus arrugas, su cansancio y su mirada triste dan cuenta de lo difícil que es su vida, pero su sonrisa optimista cuando termina de tomarse el té dice otra cosa "estoy esperando que llegue el verano porque el tiempo es más agradable", manifiesta y está listo para emprender la marcha a donde lo lleve la vida.

Los jóvenes "ocupa" también tienen un lugar en la mesa

Mientras don Nelson se va, en la mesa del frente 4 jóvenes recién traen sus bandejas. Carlos (18), Gabriel (21), Muriel (19) y Cristián (29) son “ocupa” y trabajan de malabaristas en los semáforos. Hace más de un mes descubrieron el comedor y desde entonces es su alternativa para almorzar. Son jóvenes entusiastas que dicen ser felices con su forma de vida, porque, como ellos mismos señalan, es "una alternativa libertaria".

Dos de ellos viven en una casa abandonada en la esquina de Paulina con Lo Ovalle y los otros dos en Recoleta. Afirman que viven bien, pues cuentan con los servicios básicos y gracias al dinero que reúnen con sus "acrobacias", logran comprarse "sus cosas", implementos de trabajo e incluso ayudar a sus hijos. Gabriel tiene una hija de 2 años y Cristián dos hijos de 7 y 1 año.

La mesa convoca también a los vendedores ambulantes

Ya es poca la gente que va quedando en el comedor, la mayoría llega temprano
cuando la comida está caliente, tal como lo hacen los vendedores ambulantes que comen ahí.

Paul tiene 33 años, es uno de ellos y como él dice, socio fundador de esta iniciativa. Agradece su existencia, ya que cuando el comedor no funciona, almuerza en la calle, en el Hospital Barros Luco o simplemente no almuerza, pues no ve a su familia hace más de un año y actualmente vive de allegado en la casa de un amigo y con la venta de galletas no le alcanza para vivir mejor. Situación similar a la que enfrenta Mario, vendedor de parches curitas, quien comparte su casa en la comuna de La Granja con otras 10 personas o Eduardo, quien con la venta de confites debe mantener a su mamá.

El día termina. En total 52 personas llegaron a almorzar, 52 historias diferentes que se unen en torno a esta gran mesa para todos que funciona hace dos años con el esfuerzo de los voluntarios, quienes desde las 10 de la mañana se preparan no solo para entregar un plato de comida, sino que también para entregar lo mejor de ellos mismos a los más necesitados.

Aquí no se regala comida, se regala Amor.

Fuente: Por Katy del Solar Hurtado, comunicaciones Parroquia Santa Clara, Vicaría Zona Sur

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