19 Febrero 2014

Carlos Oviedo Cavada

Como Arzobispo de Santiago creó la Vicaría de Esperanza Joven y la Vicaría para la Familia. Los años en que encabezó la diócesis fueron los del retorno a la democracia, por esos sus homilías siempre hablaron de la importancia de la reconciliación.

Nació en Santiago el 19 de enero de 1927. Realizó sus estudios escolares en el colegio San Pedro Nolasco y en el Instituto de Humanidades Luis Campino. A la edad de 17 años, ingresó a la vida religiosa en la orden de los mercedarios, y realizó sus votos en 1948. El 24 de septiembre de 1949 fue ordenado sacerdote por el entonces arzobispo de Santiago, Cardenal José María Caro. Realizó sus estudios de teología en la Universidad Católica de Chile y más tarde realizó un doctorado en derecho canónico en la Universidad Gregoriana de Roma, en 1953. Entre los años 1958 y 1961 se desempeñó en la curia general de su congregación, en Roma.

De regreso en Chile, en 1964 el papa Paulo VI lo nombró obispo auxiliar de Concepción, donde le cupo participación en el VI Sínodo de la diócesis, así como en las sesiones III y IV del Concilio Vaticano II. Además, fue secretario general de la Conferencia Episcopal de Chile entre 1970 y 1974.

El año 1974, el papa Paulo VI lo nombró obispo de Antofagasta y administrador apostólico de Calama. Fue Gran Canciller de la Universidad Católica del Norte. Convocó además el II Sïnodo de Antofagasta en 1984. En 1987, recibió en visita apostólica al papa Juan Pablo II.

El 30 de marzo de 1990, fue nombrado arzobispo de Santiago por el papa Juan Pablo II, asumiendo en junio de ese año, y en esa calidad tomó parte de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Santo Domingo en 1992. El 25 de noviembre de 1994, el papa Juan Pablo II lo creó cardenal.

Siendo arzobispo de Santiago, creó la Vicaría de la Esperanza Joven y la Vicaría para la Familia, convocó y promulgó el IX Sínodo de la diócesis y escribió numerosas cartas pastorales.

Los años en que encabezó la diócesis de Santiago, coincideron con los del retorno de Chile a la democracia. En sus homilías, uno de sus énfasis más importantes fue la necesidad de alcanzar la reconciliación entre los chilenos. En sus homilías, su condición de historiador es notoria, y se vale de ella para recordar cómo desde la independencia de Chile, las diferencias entre compatriotas han ido zanjándose a favor de la unidad nacional. Sus acotaciones historiográficas acerca de la propia celebración del Te Deum de Fiestas Patrias son muy interesantes para establecer la importante presencia del sentimiento religioso en la configuración de la identidad nacional, así como su contribución a la unidad nacional, incluso durante la vigencia del estado no confesional desde la constitución de 1925 hasta nuestros días.

Otros aspectos llamativos de de su magisterio fueron sus recurrentes alusiones a temas como los pueblos indígenas y la importancia de la conservación de sus culturas, en el contexto de la conmemoración del V centenario de la llegada de los españoles al continente americano; la protección del medio ambiente en resguardo de las futuras generaciones y de una ecología humana; el llamado a la construcción de una cultura y una economía de la solidaridad; la preocupación por presentar positivamente los criterios morales fundamentales que promueve la iglesia en una época de cambios en los que se enfatizan rasgos como el individualismo, la competitividad, y el materialismo; la protección de la familia; la inserción internacional de Chile y la importancia de una mayor integración latinoamericana.

Desafortunadamente, motivos de salud lo obligaron a renunciar a su cargo de arzobispo de Santiago el 19 de enero de 1998, siendo sucedido por Monseñor Sergio Valech en calidad de administrador apostólico. El 7 de diciembre de 1998 falleció a la edad de 71 años.

Fuente: Comunicaciones Iglesia de Santiago
www.iglesiadesantiago.cl



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