03 Octubre 2013

En el nombre del hijo

La legislación que regula las relaciones familiares en Chile viene experimentando importantes modificaciones. La nueva norma de adopción y la ley “Amor de papá”, de amplio consenso, dan cuenta del énfasis en el rol del padre que protege el interés superior del hijo.

Por Sebastián Gallegos Sánchez

El carabinero José Luis Paredes estuvo dispuesto a todo por su hija. Su caso conmovió a Chile y reveló una legislación familiar perfectible, cuando en junio pasado el Juzgado de Familia de Ancud le negó a él y a su pareja, Jocelyn Bahamonde, la opción de ser padres definitivos de Montserrat, la pequeña de tres años de la que eran guardadores desde que tenía nueve meses, ordenando su vuelta al Sename –pues no cumplían con el requisito de tener dos años de casados–, donde le esperaba otro proceso de adopción.

Un mes después, la Corte de Apelaciones de Puerto Montt revirtió el proceso, abriendo la posibilidad de adopción por parte del carabinero y su pareja, algo en lo que están de acuerdo incluso los padres biológicos.

El gobierno reaccionó con el envío de un proyecto que modifica la actual ley de adopción, vigente hace más de catorce años.

En Chile, el año pasado, se efectuaron 487 adopciones por parte de matrimonios chilenos, 118 por familias extranjeras, y cada proceso duró, en promedio, un año y medio. La iniciativa, que será enviada al Congreso en agosto, intenta disminuir estos tiempos y aumentar las adopciones, entre otras modificaciones.

El vicario episcopal para la Familia, P. Marek Burzawa msf, valora un proyecto que “lo que busca es hacer más expedito el proceso de adopción, lo cual claramente es una mejora, especialmente al pensar en aquellos niños que están largo tiempo esperando que los organismos pertinentes determinen su arribo a una familia que espera con ansias la llegada de un hijo”.

“Hay un acuerdo unánime en modificar los puntos que ha anunciado el gobierno –dice la abogada y directora del Centro UC de la Familia, Carmen Domínguez–, porque tiene que ver con reducir el tiempo en que un niño está en situación de incertidumbre”.

La ley, además, es clara al señalar que la adopción tiene siempre por objetivo “velar por el interés superior del adoptado”.

Amor de papá

Según estudios del Ministerio de Salud, el 50% de los padres chilenos estuvo presente en el parto del último hijo. En el rango de 18 a 24 años, esta cifra se elevó hasta el 90%, lo cual demuestra una mayor disposición a la crianza activa de la figura paternal en nuevas generaciones.

En esta misma línea, no hace mucho se estableció el postnatal masculino, cuatro días de licencia que el 42% de los hombres desconoce, además de la licencia por enfermedad grave de hijos menores de un año.

El 16 de junio pasado, en medio de las celebraciones del día del padre, el gobierno promulgó la ley de cuidado de los hijos de padres separados, más conocida como Ley Amor de Papá. Publicada el 21 del mismo mes, consagra la igualdad parental para el cuidado de los hijos de padres separados, sobre el principio de la corresponsabilidad parental y, en la misma dirección que la nueva ley de adopción y la Convención de Derechos del Niño, instaura como principio rector el interés superior del niño.

“El artículo 225 establecía que, al momento de la separación, la madre automáticamente se quedaba con los hijos, mientras el padre tenía que limitarse al rol proveedor y a tener visitas cuatro veces al mes”, dice David Abuhadba, director ejecutivo de la organización Amor de Papá, intensamente activa en las discusiones de ambas cámaras.

“Es una invitación a que los padres separados nos pongamos de acuerdo”, agrega. “En caso contrario, se estableció que los niños quedarán viviendo con quien estén al momento de la separación. Es decir, la persona que se va no se lleva a los hijos, pero podrá presentar acciones a la justicia, luego de pasar por una mediación”.

Con el sistema anterior, el 85% de las mediaciones fracasaban, dado que el principio general otorgaba prioridad a las madres, siempre y cuando no hubiese razones fundadas para lo contrario.

“Ahora padre y madre llegarán a la mediación en igualdad de condiciones, y nosotros confiamos en que se logren acuerdos en esa instancia. De esa manera se evita la judicialización, en que los niños tienen que ir a declarar a los tribunales de familia. Mi hijo, por ejemplo, desde los cuatro hasta los quince años tuvo que ir 32 veces. Eso es algo que no queremos para ningún niño”, dice David Abuhadba.

“Es positivo que cuando se regula lo que llamamos relación directa regular, que es el derecho de visita –opina la abogada Carmen Domínguez–, se haya establecido el principio de que el juez debe tratar de que el progenitor que no está a cargo del hijo, tenga la mayor participación posible en su vida. Lo que faltó, sin embargo, son mayores facultades de control de los jueces sobre los acuerdos de cuidado compartido”.


“Hay una clara opción por el bien superior de los hijos –dice el vicario para la Familia–, que en esta ley se traduce en la necesidad de que los tribunales consideren otros elementos más allá de lo netamente económico al momento de determinar la tuición, como así también se destaca positivamente la ‘corresponsabilidad’ de ambos padres en el cuidado y educación de los hijos. Esto cobra mayor sentido al tener presente muchos casos en que los padres entienden por responsabilidad solo el aporte económico de la pensión de alimentos”.

Para María Florencia Herrera, socióloga de la Universidad Diego Portales, la ley viene a reconocer una realidad que existe. “Si antiguamente la figura que ocupaba el lugar central en la familia era el padre, eso se ha ido desplazando a favor de los hijos”, señala.

“Como Iglesia esperamos que, en la práctica, esta ley ayude a la promoción de una efectiva corresponsabilidad de los padres en el cuidado y educación de los hijos, cuando la unión entre ellos no se dé”, concluye el padre Marek Burzawa.

Fuente: Comunicaciones Iglesia de Santiago
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