05 Enero 2017

Migrantes: Acogida, acompañamiento e integración

Lo más difícil para los migrantes es la adaptación cultural. A haitianos y colombianos les gusta la música a todo volumen. En Chile a muchos eso les molesta.

Por Natalia Castro, Víctor Villa y José Francisco Contreras

Son algunos de los problemas que enfrentan al llegar al país. Por eso que la Iglesia, a través de las diócesis y su estructura pastoral, desarrolla programas para acogerlos, acompañarlos e insertarlos en la sociedad chilena. Incluso, a partir de su experiencia, entregó sus propuestas a las autoridades para una ley sobre las migraciones.

Clases de español, catequesis, talleres de capacitación, alimentos, inserción laboral y ayuda solidaria, son parte de los servicios que la Iglesia ofrece a haitianos que llegan a nuestro país buscando mejores oportunidades.
Son las diez de la mañana. Y como cada jueves, una gran cantidad de haitianos comienza a llegar hasta la parroquia San Saturnino, en el bario Yungay de Santiago, donde son recibidos con un café y un sandwich, para pasar posteriormente a las clases de español que profesores voluntarios dictan en tres modestos salones.

Que el edificio parroquial -ubicado en un barrio patrimonio histórico- esté destruido por el terremoto del 2010, no es obstáculo para haber acogido durante los últimos cuatro meses a más de 450 haitianos. Entre los alumnos están Dalinx Noel y su esposa Farah Joseph Noel, quienes llegaron a Chile en junio de 2016 desde Puerto Príncipe, motivados por mejores oportunidades laborales. En Haití quedaron sus tres hijos, a quienes esperan traer muy pronto, cuando estén asentados y puedan brindarles estabilidad.

Pero no sólo en el barrio Yungay se desarrollan estas iniciativas. La Parroquia Latinoamericana, ubicada a un costado del Parque Bustamante, desde hace décadas trabaja en la integración de migrantes. Y un día importante es el domingo, cuando se desarrollan distintas actividades que les permiten incorporarse a la vida eclesial. Durante la mañana de cada domingo se imparten catequesis para los sacramentos iniciales, se trabaja en grupos de oración y de reflexión en torno a la fe y se brinda orientación legal para contratos de trabajo y visas de permanencia.

Los aportes de la Iglesia para legislar sobre la inmigración

Desde la propia tradición oriental de recepción al viajero en tiempos de Jesucristo, hasta la realidad actual en Chile, el tema de la acogida al que llega ha sido siempre un valor promovido por la Iglesia. Esa experiencia es canalizada hoy por el Instituto Católico Chileno de Migración, Incami, organismo de la Conferencia Episcopal, que ha desarrollado un amplio trabajo en el acompañamiento de las realidades migratorias desde su creación en 1955.

Sobre esa base, el instituto elaboró una propuesta de 11 puntos para ser considerada por las autoridades en la elaboración de un cuerpo legislativo que aborde el tema migratorio.

En síntesis, esos aportes son:

1.- En cuanto a la autoridad migratoria, definir un Servicio Civil Nacional que se encargue de la gestión de ingreso y egreso de personas del territorio nacional y del otorgamiento de visas y gestión de las migraciones.

2.- Substituir la realidad del migrante de la actual normativa del trato, desde la perspectiva de Seguridad Nacional, por el de los Derechos Humanos. De la misma manera plantearse la tipología de “migrante” como categoría de consideración, en lugar de la palabra extranjero, tipificada peyorativamente en nuestra cultura.

3.- Teniendo en cuenta que un alto porcentaje de los migrantes en Chile son personas provenientes de países de América Latina, ampliar el acuerdo que permite acceso a la Visa Temporaria para los residentes del Mercosur.

4.- Ampliación de plazos tratándose de órdenes de abandono o de expulsión, toda vez que en la actualidad resulta difícil poder presentar recursos, debido a lo acotado de los plazos para la presentación de los mismos recursos.

5.- En cuanto a la definición de las causas de prohibición al ingreso al país: con el ánimo de evitar que personas queden en las fronteras, sujetas a su suerte y en situación vulnerable, la nueva normativa debe incluir requisitos explícitos que informen de lo que se requiere de manera objetiva para ingresar al país.

6.- Desvincular el estatus migratorio del estatus laboral, de tal forma que la persona que esté en situación irregular, pueda desempeñarse, celebrar contrato de trabajo y obtener ingresos económicos con acceso a previsión social por sus propias contribuciones previsionales.

7.- Supresión de la discrecionalidad, para evitar que el ingreso, egreso, regularización y demás procesos concernientes a gestión migratoria estén definidos de manera objetiva.

8.- Establecer en la normativa los procesos de reconocimiento de títulos profesionales y técnicos de manera que se garantice el aprovechamiento de la formación académica de los migrantes desde sus países de origen.

9.- La nueva normativa debe definir lo que el país entiende por tráfico y trata de personas o condiciones semejantes a estos delitos y describir los mecanismos e instituciones para prevenir tales delitos.

10.- No obstante existe una actualizada Ley de Refugio en Chile (20.430 de 15/04/2010), es necesario que la nueva normativa tipifique posibilidad de acceso a visa en el país de manera humanitaria, para personas que hayan sido víctimas de situaciones de tráfico de personas, trata de personas o delitos semejantes, violencia intrafamiliar, personas por tratamiento de salud o embarazo, sean acogidas en el país de forma humanitaria.

11.- Creación de oficinas o departamentos que se encarguen de casos sociales, previamente documentados e informados.


La experiencia de los obispos en la frontera


Para el obispo de Arica, monseñor Moisés Atisha, una de las principales problemáticas que ve en sus diócesis respecto de la situación de los migrantes, es la adaptación cultural por parte de algunas de sus comunidades. “Esto no se da con aquellos hermanos de Perú y Bolivia, ya que lo que se comparte culturalmente es común, pero con los que vienen de otros países, nuestro modo de ser y cómo les recibimos en ocasiones resulta dificultoso”. Otro problema sería el estigma de que los migrantes son traficantes o las mujeres prostitutas: “Todo esto hace más difícil que encuentren trabajos dignos, cuando la mayoría viene en busca de calidad de vida y de vida en paz”.

Respecto de la mirada de los chilenos sobre los migrantes el obispo Atisha piensa que se vive el “y verás como quieren en Chile al amigo cuando es forastero...”, pero con matices. “Se recibe muy bien a los que vienen siendo profesionales, a los europeos tradicionales y a los americanos del norte, diría a los que manifiestan rasgos occidentales”, agregando, sin embargo, que “cambia la situación cuando por las cosas del corazón humano, los rasgos físicos dejan ver etnias que –inconscientemente algunos chilenos creen que son menos dignas. La aceptación de ellos tarda un poco más, cuando caen los temores y los prejuicios que se han formado”. Si bien el arzobispo de Antofagasta, Pablo Lizama comparte esa mirada, agrega: “Los chilenos se sienten amenazados en sus empleos porque los migrantes aceptan salarios más bajos. En menor grado los vinculan con hechos de violencia”, lo que a su juicio tiene relación con el hecho de que “los chilenos somos racistas y nos sentimos superiores a los migrantes. Pero no sé cómo sería Antofagasta sin los migrantes”, pues ellos son los que “están tomando los trabajos que no hacen los chilenos”.

En ese sentido, monseñor Atisha recuerda: “Chile es esencialmente un país que se ha formado por el aporte de migrantes. Los colonizadores de España, luego la ocupación de las tierras del sur por alemanes, en el inicio del siglo XX árabes y muchas personas del Medio Oriente”, manifestando que debiese haber una “memoria agradecida de todo lo que hemos recibido”. “Somos capaces de acoger al que viene, nos conmueve cuando vienen por razones humanitarias y por la falta de paz en sus propias tierras, pero algo falta, quizá recordar que también nosotros hemos generado migrantes que han sido recibidos en tierras extranjeras”, piensa el obispo del extremo norte del país.

Respecto de la ley migratoria, el pastor de Arica cree que tendrían que generarse las condiciones para que el ingreso al país fuese siempre legal: “Que nadie se viera tentado a entrar ilegalmente en el país porque la forma legal es muy difícil. Entender que en los casos necesarios, el dominio del idioma no fuese causa de abusos por parte de nacionales inescrupulosos. El Estado tendría que contemplar el acceso al trabajo y al reconocimiento de los títulos, en fin, explicitar que el que viene tiene oportunidad de ayudarnos a crecer como nación”, sentencia Atisha. Respecto de las iniciativas junto a los migrantes que se estén realizando en las diócesis, el arzobispo Lizama señala: “La Iglesia de Antofagasta ha puesto al servicio de los migrantes a profesionales como abogados, trabajadores sociales, religiosas, casa de acogida, entre otros apoyos”, que se concentran especialmente en los primeros 15 días de llegar a la zona y que son los más críticos para los migrantes. “Hemos abierto nuestras parroquias” a otras realidades pastorales, señala.

En tanto, el obispo Atisha explica: “Nosotros, a través de la Pastoral Social, desarrollamos un trabajo en conjunto con Incami y con los padres escalabrinianos, para dar orientación sobre los derechos y deberes del migrante. También estamos en proceso de terminación de una casa de acogida. Facilitamos nuestras dependencias de la Pastoral Social para que se realicen operativos consulares, de modo de ayudar a regularizar situaciones complejas. A nivel de la Pastoral Carcelaria, también hay preocupación por lo que ellos están pasando”.

Casa de Acogida

Actualmente existe una Casa de Acogida para mujeres, que es una iniciativa de varias instituciones y personas, entre ellas el Incami, la Fundación Scalabrini, la Vicaría de Pastoral Social Caritas, como también personas del sector privado, muchos de los cuales han colaborado desde el inicio también con la implementación del Centro Integrado de Atención al Migrante (Ciami). Sin embargo, una aspiración importante es contar con un recinto que albergue a migrantes varones que lo requieran, señaló el vicepresidente de Incami, Delio Cubides. Actualmente no hay en Santiago casas de acogida que reciban a los hombres migrantes, muchos de los cuales pasan por situaciones difíciles a su llegada al país. Dada esta situación, el Incami en asociación con la Fundación Scalabrini tiene el proyecto el abrir una casa de acogida para varones migrantes, un lugar de paso que brinde abrigo y posibilidad de acogida, información, capacitación y, de ser posible, inserción efectiva para que estas personas tengan una forma directa de entrar en la sociedad de manera efectiva.

Una experiencia de interculturalidad desde la sala de clases

Con el fin de colaborar en la integración e inclusión de niños, niñas y adolescentes inmigrantes, el Departamento de Movilidad Humana del Arzobispado de Santiago durante el 2016 desarrolló el proyecto “Creando Interculturalidad”, como una vía concreta para promover la inserción de los niños y jóvenes inmigrantes en establecimientos municipales y católicos de Santiago. Quienes participan en esta iniciativa son directores, docentes y alumnos. El proyecto dio inicio con talleres a los docentes de diferentes instituciones educativas de las zonas centro y poniente de la capital, en las temáticas de interculturalidad y relaciones sociales. En segundo momento, se dio paso a los talleres con los estudiantes. Allí se trabajó temas relacionados con la inmigración, refugio, derechos humanos, tráfico y trata de personas. También se abordaron las relaciones intergrupales (estereotipo, prejuicio, discriminación, racismo, bullying), con el fin de contribuir a una convivencia escolar positiva. Un aspecto a destacar es la baja presencia de discriminación en las instituciones participantes con mayor población educativa migrante, ubicados en barrios o comunas con contexto multicultural. “Haber experimentado este bajo nivel de actitudes excluyentes, nos hace pensar que es necesario fomentar la escuela y el barrio como espacios valiosos de convivencia e integración. Nos hace predecir que el contacto permanente entre nacionales y la comunidad inmigrante va generando lazos de amistad que reducen significativamente los prejuicios”, señala Aracely Orellana, la encargada del proyecto. El 5 de diciembre se realizó la clausura de los talleres del año 2016 en una de las escuelas participantes de la zona centro, establecimiento que cuenta con cerca del 80% de alumnos migrantes pertenecientes a diez nacionalidades.

Fuente: Comunicaciones Santiago
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