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Jueves 7 de enero de 2021

Decir adiós en tiempos de pandemia

Recientemente el Ministerio de Salud reveló que el covid-19 fue la primera causa de muerte del país durante 2019. Ante este escenario, hablar de la muerte y cómo las familias han enfrentado la pérdida de un ser querido en tiempos de pandemia se hace necesario. Aquí, un par de relatos desde lo humano y lo espiritual.

Periodista: Danilo Picart

Fuente: Periódico Encuentro

Link fuente: www.periodicoencuentro.cl

La muerte de su madre y la enfermedad de su esposo

Fue en mayo cuando Isabel Vial vio partir a su madre, Teresa Echeverría. Con 94 años y nueve hijos, su partida dejó sentimientos encontrados en la familia, pues no se trataba de la única persona que presentaba síntomas del covid. Su esposo, Fabio Cruz, también se contagió de covid y se debatía entre la vida y la muerte. Finalmente, la madre de Isabel falleció el 25 de mayo, con el dolor de no poder despedirse de ella. “Fue una muerte tremenda, porque fue sola”, señala. En tanto, su esposo permaneció por 15 días intubado y reaccionó favorablemente gracias a los corticoides. Hoy, a seis meses de lo sucedido, Isabel reconoce que la compañía de su familia permitió vivir este proceso de mejor manera. “Mis hermanos somos de realidades distintas, y la muerte de mi mamá y la enfermedad de mi marido nos unió. Nos juntamos una vez a la semana en la casa de mis padres. Este sufrimiento nos hizo reaccionar y volver a lo que verdaderamente nos hace ser felices”.

Entereza profesional y personal

Amparo Pérez, es enfermera jefa de la unidad de Salud Mental de la Clínica Los Andes. Junto a su equipo profesional, diseñaron protocolos y mecanismos para enfrentar la crisis sanitaria, sin saber que tendría que actuar frente a la enfermedad de sus padres, Juan y María. Ambos vivían en Maipú y en diciembre cumplirían 53 años de matrimonio. Relata que su padre no podía hacer una cuarentena estricta, porque tenía diabetes y se dializaba tres veces a la semana. A finales de mayo, y después de llegar de una sesión, presentó un resfrío que derivó rápidamente en cansancio, tos y fiebre. Los síntomas eran claros para Amparo. Movió cielo, mar y tierra, para enviarlo a la misma clínica donde trabaja. “Fue ingresado un martes por la tarde, y estuvo hasta el viernes consiente, pero empeorando su función pulmonar. El sábado lo tuvieron que intubar. Así fue como de a poquito decayó”. A los pocos días, su madre también presentó los mismos síntomas y no dudó en trasladarla al mismo lugar donde estaba su padre. “Ambos estaban en la misma clínica. Ella ingresó a la unidad de cuidados intermedios y mientras ella estaba hospitalizada, mi papá falleció. Entonces me tocó contarle a ella y después, mi madre empeoró su condición. A los días, gracias a los corticoides ella comenzó a recuperarse y estuvo prácticamente 20 días hospitalizada”. Tras vivir este proceso, cree que el acompañamiento fue fundamental. “Me tocó hacer la contención del equipo y desde la perspectiva médica, mi papá se fue bien cuidado y espiritualmente esto me deja tranquila”.

La Iglesia como compañía esencial

El capellán de la clínica Los Andes, padre Hernán Garcés, ha podido acompañar y contener espiritualmente al equipo médico, pacientes y sus familiares durante este tiempo. El sacerdote, quien además es médico de profesión, reconoce que el factor más importante es la compañía. “La muerte por covid es muy dolorosa, porque las vivencias normales han tenido que ser aplazadas, mutiladas, prohibidas”, explica. Subraya que “la palabra del capellán tiene que basarse en explicar que el Señor ama a esa persona, los ama a ustedes, pero nos ha enviado esta prueba”.

El padre Simone Gulmini, a su vez, es capellán del Hospital Sótero del Rio. Participa de un grupo de mutua ayuda compuesto por 15 personas. Algunas de las cuales han perdido hasta tres familiares. “Es la ocasión para que las personas que están en duelo se encuentren entre ellos y descubran que no están solos. Fundamentalmente son ellos los que hablan provocados por quien lleva el grupo. Lo encontré muy útil. Por esto, la Iglesia está llamada a estar presente, a confortar, a acompañar, reuniendo gente, y la tecnología ayuda. También, la presencia física es fundamental, respetando las normas”. Como una forma de responder frente a la incertidumbre que genera la partida de un ser querido, el Centro de Atención Familiar de la Delegación para la pastoral Familiar de Santiago, en conjunto con otras instituciones, implementaron el Fono Escucha “Estamos Contigo”, en que se pudo beneficiar a alrededor de 5.800 personas, con un alto porcentaje de atenciones por duelo.

Elisa Montalva, coordinadora general del programa, sostiene que, entre los principales desafíos para afrontar el futuro de esta crisis, está el “propiciar grupos de acompañamiento pastoral y espiritual tanto presenciales y de forma telemática; mantener el servicio que se implementó en tiempos de pandemia en nuestra arquidiócesis de ir a dar la unción a enfermos y entrenar a agentes pastorales en acompañamiento del duelo, especializado a procesos de pérdida en tiempos de pandemia”.

Link al periódico: página 5.