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Jueves 3 de marzo de 2022

Retorno a clases: con presencialidad, pero atendiendo situaciones especiales de algunos establecimientos

El vicario para la Educación, padre Andrés Moro, nos habla en esta entrevista sobre los desafíos en el inicio del año escolar y también aborda importantes aspectos sobre el rol de los párrocos y las parroquias en clave de sinodalidad.

Fotos: Nibaldo Pérez

Periodista: Enrique Astudillo

Fuente: Iglesia de Santiago

Link fuente: www.iglesiadesantiago.cl

Nuevamente llegamos a marzo con altas cifras de contagio y una variante Ómicron muy contagiosa. ¿Cómo se recibe que las clases presenciales tengan carácter obligatorio en todas las fases del plan Paso a Paso?

- Recibimos este protocolo como parte de un proceso que el conjunto de la comunidad educativa, educadores, padres y apoderados, y estudiantes, tienen que ir aplicando para volver a la presencialidad. La experiencia que hemos constatado con la apertura progresiva, desde la mitad de 2020 y todo 2021, es que los colegios tienen bajo nivel de riesgo y la mayor cantidad de contagios se ha dado en los trayectos. Además, en todos los países y también en el nuestro existe amplio consenso respecto del impacto que tiene la presencialidad en el desarrollo de los aprendizajes.

Sobre lo anterior, el Ministerio de Educación cree pertinente esta medida. Sin embargo, el Colegio de Profesores no. ¿Con cuál postura está la Vicaría para la Educación?

- La Vicaría para la Educación tiene algún grado de vinculación con cerca de 400 comunidades educativas, católicas y de inspiración católica, en un contexto de más de 3 mil establecimientos educacionales en Santiago. Lo que señala el Colegio de Profesores es razonable y legítimo, y representa a un sector que está en la primera línea de la educación. Todos buscamos el mismo objetivo y la generalidad de las medidas dificulta, a veces, mirar el caso a caso. Es importante atender las situaciones particulares de escuelas que no reúnen las condiciones mínimas para implementar los nuevos protocolos exigidos por la autoridad. En este caso debiera extenderse el criterio de flexibilidad y de mayor apoyo ministerial.

¿Ha podido sondear con sostenedores y directores de los colegios del Arzobispado de Santiago la realidad para este año y analizar cuáles son las principales medidas de cuidado y prevención?

- De los 371 colegios católicos y de inspiración católica, el Arzobispado de Santiago tiene tuición directa sobre 30 comunidades educativas. De acuerdo con la Ley de Educación, estas comunidades en su gran mayoría pertenecen a diversas fundaciones educacionales sin fines de lucro. En cada una de ellas el diálogo, la capacitación y la puesta permanente al día de protocolos e instrucciones sanitarias y preventivas ha sido la tónica con la cual continuaremos este año.

Respecto de la contingencia, ¿qué análisis han podido hacer sobre el rechazo a la libertad de enseñanza y el derecho preferente de los padres a educar a sus hijos en la Nueva Constitución? ¿Cómo afectaría a los colegios católicos?

- Lo que fue rechazado en septiembre pasado no es la norma en sí, porque no se ha discutido aún. Se rechazó una moción de incluirla en el reglamento, pero este tema será tratado por la comisión de derechos fundamentales. Hay al menos cuatro iniciativas populares de norma que incluyen este tema y que han conseguido más de 15 mil firmas para ser revisadas por la CC. Particularmente, nosotros como Vicaría hemos impulsado la iniciativa N°43926. Esperamos que luego del proceso de armonización cuente con los dos tercios reglamentarios para su aprobación. Al mismo tiempo, invitamos a los miembros de las comunidades educativas y en general a todos los ciudadanos y las ciudadanas a hacerse cargo de que el texto constitucional futuro debe recoger las aspiraciones de miles y no de unos pocos.

Pasando a su rol de párroco, ¿cómo ha visto el trabajo de sus pares en medio de esta pandemia y a la luz de los procesos sinodales que se están desarrollando qué espera de ellos y de la comunidad para este año?

- La Iglesia a través de todas sus comunidades, tanto parroquiales como educativas o de movimientos, ha intentado por diversos medios apoyar y sostener a las personas que han sufrido tanto en estos años de pandemia, sobre todo a los más vulnerables o “desechados”, como señala el Papa Francisco. Tomando las palabras del Santo Padre, aquí nadie se salva solo y estamos todos en el mismo barco. Ese es el desafío del camino de la sinodalidad: aprender a remar juntos en un mar muchas veces embravecido y con horizonte de incertidumbre, pero con la esperanza puesta en que el Maestro está en la barca. Puede ser que a veces parezca dormido pero cuando despierta calma el viento y las olas y nos vuelve a recordar que el amor a Dios y a los hermanos es la ley del Evangelio.