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Miércoles 7 de noviembre de 2018

Mes de María: Florecer nuestra fe en primavera

Entre el 8 de noviembre y el 8 de diciembre se vive en Chile el Mes de María, período que los católicos dedicamos especialmente a la madre del Señor y nuestra madre. En medio de la primavera comenzamos a vivir este tiempo de renovación espiritual, fortalecer nuestra fe y, de la mano de la Virgen, acudir al encuentro con Cristo.

Fotos: Nibaldo Pérez

Periodista: Natalia Castro

Fuente: Periódico Encuentro

Link fuente: www.periodicoencuentro.cl

Todos invitados a celebrar el Mes de María

A partir del 8 de noviembre de este mes, son muchas las personas que se reúnen en templos, plazas, oficinas y en sus propias casas para celebrar a nuestra madre a través del rezo del Rosario, oportunidad para meditar los misterios de la vida de Jesús, adentrándonos en su palabra.

El padre Roberto Navarro, director de Radio María en Chile, explica los orígenes de esta tradición católica: "El Mes de María es muy antiguo, se inició en el siglo XIII y a fines del siglo XVIII se cambió la fecha en Chile, para coincidir con el dogma de la Inmaculada Concepción. Es por eso que se traslada para el 8 de noviembre. Coincide también con la época primaveral y creo que en esto, que es más que un dato histórico, hay un asunto pastoral muy importante".

Explica que, además, "la celebración está ligada a algo que está muy grabado en el alma humana, que es el origen de la vida y ésta es una experiencia unida a la mujer. El vínculo más fuerte que tiene el ser humano es con su madre. Entonces aquí hay una ley que no responde a algo solamente religioso, sino que a algo del alma del ser humano, y esa es precisamente la cuerda que toca la espiritualidad o la devoción mariana".

DEVOCIÓN SIN PRECEDENTES

Para el padre Navarro, el Mes de María, como se conoce en Chile, no tiene precedentes. "No conozco otro país en que la celebración del Mes de María sea tan relevante como en el nuestro. Ni siquiera en América Latina. He tenido la suerte de haber vivido en Argentina y Paraguay, y el Mes de María no es como en Chile, porque ahí está ligado a mayo, entonces se pierde esta vinculación a la tierra, a la primavera, al verde y al florecimiento".

El sacerdote destaca otra dimensión muy importante de esta celebración: el espacio de encuentro que permite. "Yo recuerdo que cuando era niño me encantaba ir al Mes de María; uno comparte con los vecinos, los amigos, es decir está unido a un cúmulo de vínculos naturales. Yo diría que es soporte para una experiencia religiosa". Pero el padre Navarro invita a no quedarse sólo en la devoción, y enfatiza en la necesidad de llevar esto a la práctica. "En ese sentido, el desafío está en que una auténtica espiritualidad mariana tiene que llevarnos a varias cosas: al cultivo de los amores del corazón de la Virgen, que son: Jesucristo, la Iglesia y los pobres. Si nos quedamos en la pura piedad mariana devocional, tradicional, vamos a empobrecernos".

EL ROSARIO

Durante el Mes de María, la celebración está centrada en el rezo del rosario. La palabra "rosario" significa "corona de rosas". El sitio unrosarioporchile.cl explica que en la antigüedad, los romanos y los griegos solían coronar con rosas a las estatuas que representaban a sus dioses, como símbolo del ofrecimiento de sus corazones. Siguiendo esa tradición, las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos, marchaban por el Coliseo vestidas con sus ropas más vistosas y con sus cabezas adornadas de coronas de rosas, como símbolo de alegría y de la entrega de sus corazones al ir al encuentro de Dios. Por la noche, los cristianos recogían sus coronas y por cada rosa, recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso del alma de las mártires. La Iglesia recomendó entonces a los creyentes recitar regularmente y en forma continua los 150 salmos de David, creando así el primer rosario (corona de rosas espiritual). Sin embargo, esta recomendación sólo la seguían las personas cultas y letradas, pero no la mayoría de los cristianos.

Por esto, la Iglesia sugirió que aquellos que no supieran leer, cambiaran los 150 salmos por 150 Avemarías, divididas en quince decenas. A este rosario de la comunidad se le llamó "el Salterio de la Virgen". Posteriormente, cuenta la historia que un día, a finales del siglo XII, santo Domingo de Guzmán decidió retirarse al bosque a rezar por la conversión de los albigenses y de todos los pecadores. Estuvo en oración tres días y tres noches haciendo penitencia y flagelándose hasta perder el sentido.

En ese momento, se le apareció la Virgen con tres ángeles y le dijo que la mejor arma para convertir a las almas atrapadas por el demonio no era la flagelación, sino el rezo de su salterio. Años más tarde, en 1349, hubo en Europa una terrible epidemia de peste a la que se le llamó "la muerte negra". Fue entonces cuando el fraile Alan de la Roche, superior de los dominicos en la misma provincia de Francia donde había comenzado la devoción al rosario, tuvo una aparición, en la cual Jesús, la Virgen y santo Domingo le pidieron que reviviera la antigua costumbre del rezo del Santo Rosario. El Padre Alan comenzó esta labor de propagación junto con todos los frailes dominicos en 1460. Ellos le dieron la forma que tiene actualmente, con la aprobación eclesiástica. A partir de entonces, esta devoción se extendió en toda la Iglesia.

Andrés Giménez destaca la fuerza que tiene esta oración señalando "es un rezo cristocéntrico en el que vamos revisando distintas etapas en la vida de Jesús y sus enseñanzas. En segundo lugar es una oración que todos los pontífices han promovido y esto basado en que es muy querida por la Virgen y por el Señor".